Elena presenta trabajos figurativos y abstractos, empeñada en un proceso de búsqueda que quiere compartir con nosotros, especialmente si estamos dispuestos a disfrutar del color y la compañía de un silencio particular, que cubre como una pátina casi todas sus pinturas.
Con una paleta administrada sin estridencias, en algunos casos transmite el íntimo contacto que se establece entre el paisaje y la mirada; en otros, la experiencia vivida da un paso al costado y aparecen contenidos con una evidente carga simbólica. Es el caso de sus bosques danzantes, en los cuales los árboles se entrecruzan en un movimiento que no cesa, en composiciones estructuradas como islas de colores.
Los logros obtenidos hasta aquí permiten aguardar nuevas y numerosas obras de alguien tan joven. De algún modo ya existen y la están esperando.