La pintura como práctica tradicional es siempre el punto de partida y mayor motivación en mi trabajo. Elijo la pintura por su historia, nobleza y pureza intrínseca que habitan en esta milenaria disciplina.
Entablando vínculos con su tradición y su eterna condición plástica, la pintura requiere un tiempo de reflexión, espacio y pensamiento distinto a la fugacidad y a lo instantáneo de la época actual.
Utilizo técnicas pictóricas combinadas con la posibilidad de que dialoguen con otros medios, más allá de su soporte y formato convencional. Suprimiendo las barreras espaciales y desbordando el marco, la pintura se replantea conservando siempre los valores tradicionales de color, forma y composición, como referencias genéricas y en perpetuo cambio.
La planitud propia del cuadro y la materia representada es prolongada y expandida en el espacio, y en algunos casos, se acerca a la tridimensión. Mediante diferentes procesos de elaboración y dejando abierta una libre interpretación, mi trabajo pone el acento en el carácter manual de la ejecución, profundizando el sentido de la pintura misma.
Siendo fiel a mis criterios y aportando alguna alternativa diferente a la práctica pictórica actual, la pintura refleja y expresa mis inquietudes artísticas. Cada etapa supone una nueva perspectiva sobre la pintura y un ahondar en su proceso de exploración y conocimiento.
La pintura no se detiene en la tela, sino que se extiende impulsando siempre su condición positiva que nos lleva a una nueva dinámica pictórica y establece una mirada inacabada en sus límites.