La rosa es como nuestra vida, se somete constantemente al entrelazamiento entre el esplendor y la brutalidad.
Nuestras simples actitudes, no pueden aliviar este sufrimiento. Tenemos que primero llegar a entender la ferocidad que nos enseña la vida, para comprender luego el miedo, la desesperación, la devoción, el control y el equilibrio.