La Tierra viviente nos invita a reflexionar sobre nuestro origen como seres naturales. En el encuentro de humanidad-tierra nace una posibilidad, un ser indiferenciado en el barro amniótico; creciendo y tomando conciencia de sí como parte y totalidad. Explorando el mundo interno y afectivo en contacto consigo mismo, en un viaje a la profundidad de nuestra especie: ser madre, padre, hijo, árbol e infinito. Crece una relación entre seres vivos, en un abrazo de hermanos y familia. El sol nos da la bienvenida para poder abrir la mirada con un nuevo color. Ojos profundos que muestran de donde venimos, a donde vamos y esencialmente nos recuerda quiénes somos.